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miércoles, 8 de abril de 2020

Confinamiento




Tengo que usar el teléfono para saber qué día es, de otra forma me pierdo aunque cuente con los dedos de las manos.

Ayer estaba convencida de que en la noche era viernes porque los vecinos tenían fiesta. Razonamiento correcto con premisas falsas.

Escribo para entenderme, pero a veces prefiero jugar en los charcos por miedo a la marea. No me gusta que se me meta el agua en la nariz. Los charcos son Netflix, limpiar el polvo, el Profesor.

Tocan a la puerta y me doy cuenta de que me estaba aguantando las ganas de llorar. Sonrío y acomodo las naranjas en el refri. La cocina vuelve a estar sola y en orden otra vez. Yo nada más vuelvo a estar sola. Por eso escribo.

Escribo a tientas con una mano sobre las grietas pero no encuentro las repisas, no sé dónde poner las naranjas, ni la risa, ni el miedo. Tengo que sacar eso de la estufa, ni la paciencia, espero, estornudo, me lloran los ojos, lloro, cebolla, no veo. 
No sé qué dejar en el suelo y qué seguir cargando. Algo huele a podrido, pero no lo encuentro. 
Empujo todo con los pies y me tumbo en el suelo a hacer ángeles de nieve.

Tal vez no sea verdad, pero nadie está aquí para verlo.


martes, 24 de marzo de 2020

Corona



No necesita traducción ni contexto: corona. Aquí tampoco hablamos ya de otra cosa. Corona en el noticiero, corona por teléfono, corona pegado en las paredes, corona en los chistes, corona en el miedo, corona cada vez más cerca. Está todo en las manos (bien lavadas) de dios. Eso es lo que dicen aquí. 

Gel antibacterial, sana distancia, conspiración, confinamiento. Dudas. Nadie parece saber muy bien qué hacer, todos miran al rededor, preguntan, sugieren, critican, copian, memorizan las últimas estadísticas. Yo ni para eso soy buena. Desde hace mucho me suena a muchísimos, con más o menos ceros entre infectados y muertos locales o globales. 

Aunque muchas veces no la digo, de vez en cuando sí tengo una opinión más o menos formada de lo que tocaba hacer, de si se hizo bien, de qué creo que se hizo mal, o por lo menos de preguntas que necesitaría responderme. Ahora no tengo nada. Yo ya no sé qué medidas son demasiado radicales y cuáles adecuadas debido a lo dramático y volátil de la situación. Tengo miedo, y un 'panicómetro' instalado con un amigo, que hace que la cifra salga siempre un poquito más baja nada más porque me hace reír. 

Más que enfermarme yo, me asusta la incertidumbre de lo que va a pasar, la idea de que enfermen personas a las que quiero, la idea de que el virus entre al campo de refugiados y tantos otros sitios donde no tienen cómo defenderse, los negocios en quiebra, lo que viene.  

Me da la sensación de que algo se hizo muy mal desde el principio, hay algo llevaba ya mucho tiempo roto. A ver si logramos usar esta crisis para encontrar las grietas y empezar a sanarlas.